Muchas gracias por tus palabra, César.
Es una cuestión meramente temporal, aparte de geográfica la que nos separa.
Te llevo más de 20 años.
Durante esos más de 20 años, porque también tuve tu edad, he podido saborear las mieles del éxito y la mierda del fracaso.
Durante ese tiempo, que vivirás, tendrás la oportunidad de saborear, para tu suerte o desgracia, ambas.
Me miro cuando tenía tu edad: trabajaba, estaba en el cuarto año de mi especialidad, y el mundo se me abría enseñándome los colmillos. No tenía hijos en esa época, y sólo trabajaba y trabajaba para conseguir méritos para una vez que hubiera terminado la especialidad, poder acceder a un contrato de mierda y poder trabajar para seguir recabando méritos, que me permitieran susbistir.
Después de estos 20 años me miro atrás, y sigo igual, es decir, sí, dispongo de trabajo fijo y todo lo que ello conlleva asociado: hipotecas, gastos,y más obligaciones, pero además dispongo de una familia, que lo es todo para mí y dispongo, por desgracia, de una visión más acotada de lo que de verdad es el ser humano, de lo que le espera en breve o tarde, de lo frágiles que somos y de como una adversidad en un momento dado, sin pensarlo, sin querer que aparezca, trunca y tira por tierra todas las esperanzas que tenemos puestas para mañana.
Sin embargo, me miro atrás, y he conseguido físicamente lo impensable.
Eso me da alas, pero no puedo dedicarme en cuerpo y alma a eso, porque tengo una diversidad de actuaciones, diarias, que me impiden concentrarme en lo que realmente me da satisfacciones hoy en día, fuera de mi hija y de mi familia.
Por ello, se vive, para trabajar, y se trabaja para vivir, pero también se ha de vivir para disfrutar, pero teniendo en cuenta que el tiempo, inexorablemente, te da las razones de lo que realmente importa en la vida, y cuando miras atrás, te arrepientes de muchas cosas, reharías muchas otras...
A lo que vamos: he recuperado un número, ayer, pero no quiero que sea un hecho puntual. Me ha supuesto una pérdida considerable estos tres meses pasados, más que nada por el ogro del trabajo mal remunerado y exquisitamente aterrador que me impone un sistema asimétrico.
A eso sumo, el que hoy en día, por el día de hoy, debo centrar mi atención las actividades de mi hija, que ha alcanzado ya una edad, que precisa, otra vez, de seguir de cerca y ayudarle en todo lo que necesite, pues empieza su particular calvario de lograr, poco a poco, ir haciéndose mayor y tener las oportunidades que la vida le dan, y que sus padres pueden ofrecerle, y además aprovecharlas.
No tengo queja de ella, al contrario, pero no puedo desligarme por mi afición, de sus obligaciones, y ahora son muchas más que hace 2 años.
Así que, seguiré dándole a la matraca, me refiero a lo mío, pero sin aspiraciones ni quimeras, y si por un momento, oportunidad o casualidad, tengo la opción de darle lustre en un evento deportivo, pues así lo haré, pero siempre procurando ser el mejor, cuestión que en esta ocasión, me queda lejos.