He hecho esperar al otoño. Se ha cabreado, normal, por el desplante y porque encima no es él muy paciente.
Por suerte, aún no lo encuentro desnudo y todavía aguanta perenne.
No valen mis palabras pues todo sonará a excusa. Cuando no existe. Normal, entonces y también, que note su silbido más enfurecido. Normal que me asuste, pero he venido a plantar cara, aunque en esto en esto de plantar parezca un duro reto intentar germinar algo en otoño. Pero si he llegado a lo más bajo y me he vuelto sincero en este punto, no quiero que me falte valor ahora que ya se ha estacionado el su tiempo.
Y pasarás otoño. Pero no sobre mí, sino para mí.