Cuando había gente que dejaba de escribir, que volvía a hacerlo, me preguntaba qué circunstancias personales podrían llevar a ese silencio, y ahora lo entiendo.
He llegado a ese punto de no retorno.
He ganado una batalla y apunto estoy de ganar una guerra.
No obstante, sigo velando armas, que estos días de paz y amor, no son para los que malévolamente pergueñan y calumnian por doquier aunque sé cuál es la solución.
Lástima no tener a mano 25 cm de acero templado toledano para ensartarlo de parte a parte.
En otra vida lo haré, eso lo tengo seguro
Enfin, que hoy he vuelto al gimnasio, que no había abandonado por completo, pero sintiendo el deterioro físico pues he perdido más de 8 kg desde la última vez que me pesé, que no sé ni cuándo.
Aún así he podido pero me cuesta mucho, pero este fin de semana, primero libre desde hace 3 meses, he decidido apagar el móvil, apagar la neurona y dejarme llevar por lo que es fácil de decir, pero difícil de hacer: pensar en mí.
Así he ido esta mañana, he hecho de todo un poco, y he venido, con más agujetas que vergüenza, pero he tirado hasta 220 costándome la misma vida, he seguido con 180, 140 he metido remos en pica, cruces de poleas, muchos fondos, bíceps, porra en sus variantes, más 140, más 180, yo qué sé...
He metido miedo en las entrañas y he sacado ponzoña del oscuro pozo de mi ser, de esa que tenía incrustada.
Soy el de la habitación de al lado, pero no me dejo avasallar.
Me debo a mí, y a los demás.
Gracias a todos los que habéis leído algo mío.
Sinceramente.