Y si pudieras conseguirlo…
“La simplicidad es el logro final. Después de que uno haya jugado con una cantidad grande de notas, es la simplicidad que emerge como una recompensa del arte.”
― Frédéric Chopin
Y no es ante el desafío que te presenta el acercarte al enhiesto vástago acerado que tienes delante, cuando visualizas una y otra vez el movimiento y te acercas henchido de un noble orgullo y de un valor inusitado para afrentar el problema, no es sino en ese momento cuando el silencio comienza, la concentración se hace máxima, tu cuerpo se tensa en una forma inimaginable y comienza la secuencia.
Y lo has levantado y puedes prodigar el momento durante dos segundos en ese espejo que te devuelve la imagen del titán con su víctima en sus manos.
Has sido capaz de semejante proeza, solo tú, rodeado de la masa que discurre entre gritos, golpes y jadeos, pero sólo tú eres capaz de ver lo que hasta el momento has conseguido, sólo tú tienes la capacidad de recrear en tu mente esos segundos y perpetuarlos en tu memoria, sólo tú sabes cuánto esfuerzo has dedicado a ese momento sublime de perversa hombría.
Sólo tú te has enfrentado al martilleo de las teclas, en esa alfombra nacarada de tonos blancos y negros, cuestiones que se entremezclan en un laberinto de sonidos perfectamente orquestados y nulos en su combinación adecuada.
Te enfrentas al problema, lo lees y lo intentas visualizar al igual que esa primera vez que lees esa partitura.
Temblorosos los dedos han de discurrir de forma suave y tímida sobre el rugoso nácar de las teclas, en un perfecto orden y combinación para emitir ese suave gemido que interpretas como un inicio de una melodía que sabes que te llena el alma cuando la escuchas.
Y sabes que el momento no ha llegado, que culminar ese fin que te has propuesto obliga a un sacrificio, concentración y abstracción de la realidad, comunión con el todo y contigo mismo que llevará a un final armonioso en tus manos, lejos del virtuosismo que sólo está reservado para unos pocos elegidos, pero agradable a tus sentidos y vivencia de los mismos.
El martilleo del hierro al golpear el suelo tras cada serie. El gemido y el suspiro de alivio…te enderezas y te ves como un desconocido en esa imagen reflejada por el espejo que tienes delante, no te reconoces salvo porque sabes que eres tú. Sudor y tensión en tus brazos y cara, despeinado por el esfuerzo, retomas el momento y cuentas y respiras hondo. Una vez más, piensas, y sigues adelante con ese afán de superación que en otras ocasiones puede ser el objeto de tu perdición.
Y suena el continuo tecleo de las notas, con una mano primero, con la otra mano después, intentas acompasar las dos manos y tu cerebro se resiste a esa dualidad. Frenas, respiras, vuelves a intentarlo, lees, repasas mentalmente, vuelves a recrearlo, insistes es insistes. Te alejas del momento y vuelves a la realidad, respiras hondo y vuelves a intentarlo, ya empieza a sonar…
Has conseguido terminar las 3 series previstas, el dolor y el miedo al fallo han desaparecido, has superarado la prueba y el incremento de peso, te sientes orgulloso del logro, quieres más, y lo sabes, pero quieres más y lo pruebas; duele, mucho, arde y quema, paras, respiras, bebes, suspiras, sigues…
Progresas en tu meritoria adquisición, la melodía empieza a sonar agradable, disfrutas del momento, picas, ligas, corres, mueves, pisas el pedal, fuerzas la nota y corriges la triada, introduces el stacatto, compruebas su sonoridad, otra vez un bemol que faltaba, otra vez tengo que repetir.
Y repites, y continúas, y progresas, y miras, y compruebas, y te asombras y te cansas, y duele, y sigues…
La simplicidad es el logro final, ajustas tu movimiento, tu mente lo reconoce, no lo piensas, cierras los ojos, sientes la tensión, la fibra se estira, el martillo golpea la cuerda, el músculo empieza a quejarse, la mente quiere dejarlo, la melodía sigue sonando, repetitiva y martilleante, se empieza a hacer sencilla, las manos se van solas a las teclas, el cuerpo sabe que empieza a poder, es el momento de seguir, no puedes parar, ya no hay vuelta atrás.
Finalizas, dominas el tema, dominas el peso, has de progresar te dices, pero te embelesas en lo dominado, te estimula la sensación de poder realizarlo una y mil veces, te gusta, te embrutece, te intimida pero también te sumerge en esa sensación placentera de poderlo dominar.
Lo repites, lo repites, lo repites…
Hierro y piano, esfuerzo y recompensa, todo tiene su particular forma de compartir el momento.
Disfrutar ambos en toda su extensión, cultivarlos y sentirlos como algo tuyo, vivirlos y compartirlos.
Afán de superación.
Un año da para mucho, hierro y piano. ?
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