Es quizá el primer día.
No, es seguro…el primer día en que no he tenido que tomarme la famosa pastilla.
La de color rojo y blanco, en forma de cápsula, con ese principio activo que hace que las cosas te afecten menos, que tengan menos valor y que tu respiración pueda acompasarse.
Es el bromazepam, el famoso Lexatín ®, la píldora en forma de cápsula, o la droga blanda en forma de escape que me acompaña desde hace ya demasiado tiempo, 7 meses ya, pero que preciso para mantener un día a día lleno de peligros, infortunios, calumnias, escupitajos y vuelta a empezar.
Es el enalapril, es el café, es un trozo de pan con aceite comido rápidamente mientras, salgo de una intervención, hago mil informes, contesto mil correos, actualizo mil cuestiones y vuelvo a otra intervención.
Colgado de unos jirones quedo…
Sagrando por las encías, tras los golpes recibidos.
Apuesto por lo hecho.
Soy cirujano…
Aún así, le sigo pegando, a los 200 como ayer, o los 220 como hace unos días.
A los 100 en banca y a la porra.
Sigo vivo y agradezco cada día estarlo.