Este hilo y su contenido me llamó la atención sobremanera, no sólo por la exposición sino por lo profundo que puede llegar a ser.
Teniendo en cuenta la visión particular de cada uno, el enfrentamiento al problema y la experiencia acumulada, lógicamente el resultado ha de ser distinto, o no.
Yo llevo poco en esto, o mucho para el que esté empezando, pero realmente 2 años y medio, echo la vista atrás y contemplo la evolución y analizo el futuro y lo que hago hoy.
Observo y he pasado por todas las fases que supongo que a todo el mundo que ha tenido algo de persevarancia en esta actividad ha tenido.
Miedo ante lo desconocido, enfrentarse al dolor, intentar superar y conseguir una marca para intentar parecerte a lo que lees o ves, superar esa marca y querer más, sufrir, lesionarte, hundirte, levantarte, mirar otra vez para adelante, perseverar, distraerte...
Una consecución de objetivos y un plan premeditado finito en el tiempo pero a fin de cuentas intentar alcanzar una quimera en un tiempo que nosotros mismos nos prefijamos como objetivo sin valor adecuado, puesto que no podemos forzar más de lo que biológicamente podemos ni podemos adquirir lo mismo que vemos en sujetos que han dedicado su vida al esfuerzo.
Tenemos nuestro pasaporte genético, igual para todos, por mucho que sea la excusa mil veces repetida para interpretar los magníficos resultados de tal o cual y los pobres nuestros.
Lo que no tenemos es la suficiente perseverancia y constancia en intentar mantener un ritmo adecuado y adaptado a lo que queremos, lejos de conseguir un olimpismo físico, sino mejorar día a día.
Nos asociamos a reglas y números, a conteo de macros y micros, a tiempos de descanso y a vida anacoreta buscando la mejora.
Envidiamos sanamente los resultados de los otros, miramos de soslayo los números y ansiamos repetir lo que dicen realizar, considerándonos herederos dignos de sus proezas.
Pero fracasamos cuando el tiempo pasa, y el espejo te devuelve la tozuda realidad de lo que hay, que no existe poción mágica (excepto chasca) para conseguir reducir en el espacio temporal lo que pretendemos obtener.
Requiere esfuerzo, disciplina pero también requiere pasión y alegría el enfrentarte diariamente a eso que consideras un esfuerzo supremo en un momento.
Creo que el secreto, y así lo siento ahora con esta perspectiva de novato en el ejercicio pero ya algo mayor en la vida, es hacer divertido y ameno el entrenamiento, intentando ser tú quien ponga el límite, que siempre ha de ser mayor de lo que crees poder realizar, sin presiones, sin buscar cifras grandilocuentes, sólo disfrutando del esfuerzo, del sudor, y de la gloria bendita de la ducha tras acabar, mejorando día a día pero no trasladando la frustación de no hacerlo al siguiente día, sino más al contrario, añadiendo mayor ímpetu en ese momento, sabiendo que lo que no te mata te hace más fuerte, que los parones serán inevitables pero eso no quiere decir que seas un desecho de tienda, que siempre hay algo nuevo que hacer, algo más que conseguir, algo atractivo o algo que te inspire.
Leo historias personales de los diarios, de aquí y de otras páginas; veo frustraciones y alegrías por igual, observo desesperación y multitud de mensajes preguntando por esa magia que hace que a ti te funciones y porqué no a mí.
Observo impaciencia, obsesión, dudas, igual que veo y leo resultados magníficos, mejoras considerables.
Lo que no veo con tanta frecuencia es esa cita mágica que hace que quien lo describe, transmita esa sensación.
No leo diversión en lo que se hace.
Y creo que es la clave para progresar.
Personalmente me encuentro en ese punto dulce donde me está divirtiendo lo que hago...
No sé cuánto durará, pero mientras tanto, he de aprovecharlo.
Ya llega la vida por sí sola, y te coloca en el hoyo más profundo, pero mientras llega, sin avisar, aprovecha para dar lo mejor de ti en todo momento, incluido este.