La recuerdo cuando era pequeño...
Me daba pánico, esos pasillos y ese olor a alcohol en el ambiente.
El practicante, uséase, lo que hoy en día es el Grado de Enfermería, o enfermero, ATS o DUE o como quieran llamarse de aquí a tres días, hervía la jeringa de cristal y la aguja en un cacharro de metal para cargar la inyección que iba a recibir...
Ese olor, y ese burbujeo y ese miedo.
Quién me lo iba a decir, pero yo creo que el pánico a las agujas lo tengo desde entonces.
Se abre la Casa de Socorro:
Se propone ir quejándose libremente de las dolencias físicas y se brinda posibilidad de apoyo y consejo para su mejora y alivio.
Comienzo yo, pero la lista, por lo que leo últimamente empieza a crecer:
Tengo una puñetera fascitis plantar.
Frances tiene los codos lesionados.
Horus una contractura en la espalda.
Juan saliendo de un problema en el piramidal o asociados.
Aimar con pseudociatalgia.
Menos mal que Frutos tiene un ritmo intestinal como bebé de pecho.
Hala, el que quiera, que cuente las penas, que yo humildemente y en lo que pueda aportar, intentaré aclararle la causa de su dolor con las limitaciones que tenemos y proponerle unos consejos para conseguir aliviarlo.