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Muchas personas suelen preguntar en redes sociales cuál es el mayor impedimento para lograr sus objetivos en el gimnasio. Frecuentemente, muchos aluden a la genética, la alimentación, el entrenamiento, etc. Otros tantos suelen hablar de las condiciones físicas, de la fatiga, en definitiva, buscan una justificación para preguntarse por qué un día determinado no han podido con un peso con el que en circunstancias normales sí podrían.

Se olvidan, naturalmente, de que existe una causa, responsable del 80% de los fracasos en el gimnasio. Y se llama tu cerebro.

Lo diré como suena: a tu cerebro no le gusta que entrenes. En serio. Tu cerebro siente aversión hacia el esfuerzo de las pesas, y si por él fuera, preferiría que estuvieses tumbado comiendo Doritos mientras miras Forocoches o YouTube. Tu cerebro odia cualquier esfuerzo, le gusta la vía fácil. Y te pone una serie de trampas para no obligar a tu cuerpo a crecer. El crecimiento es un gasto energético, y tu cerebro lo que quiere es mantenerte como estás. Sabiendo esto, puedes tratar de engañar a tu cerebro siguiendo una serie de reglas que probablemente maximizarán tu entrenamiento.

 

 

Las trampas del cerebro durante el entrenamiento

 

El cerebro es una máquina ancestral creada con el propósito de mantenerte vivo. Y te diré una cosa, hace su trabajo fantásticamente bien. La prueba es que la especie humana lleva más de 40.000 años con el mismo cerebro. Por tanto, escúchale en cuanto a supervivencia se refiere, pero no le hagas mucho caso en cuanto a levantamientos porque te va a llevar por la vía fácil. He querido recopilar las trampas de tu mente durante el levantamiento para que trates de evitar que tu propio cerebro torpedee el entrenamiento haciéndote entrenar menos.

 

1. La psicología de los números

Los kilos en la barra son relativos. Un novato sufre tanto con 100 kg como un avanzado con 180 kg. Lo que pasa es que no suena igual 100 kg que 180 kg, y evidentemente se levanta con mucho más respeto 180 kg que 100. La psicología de los números engaña a nuestro cerebro, ya que es fácil pasar de 40 a 80 kg en una sentadilla, pero de 80 a 160 es bastante más difícil. Los kilos son una referencia a la que tu cerebro siempre va a temer conforme vayas añadiendo decenas. Trata de abstraerte de los kilos y piensa en porcentajes: entiende que tu sufrimiento es relativo, no depende de los kilos.

 

2. La ilusión del “no puedo más”

Los Navy SEAL, las fuerzas de élite del Ejército Estadounidense, tienen una famosa frase, que es la siguiente: “cuando pienses que no puedes más, solo estarás al 40% del esfuerzo máximo que puedes dar”. Tu cuerpo es bastante más duro de lo que piensas, pero tu mente no lo es tanto. Tu cerebro, cuando estás reventado, te está diciendo, “oye, tío, igual te estás pasando hoy entrenando, ¿por qué no descansas?”. En realidad puedes rendir mucho más. Muchos de los fallos se deben más bien a problemas de concentración que a agotamiento en sí mismo. El agotamiento mental es sin duda más limitante que el físico, ya que limita al segundo en todo caso, mientras que el segundo no limita al primero. La forma de superar esto es mantenernos hidratados con toda nuestra atención en el levantamiento, y si no duele (que no lo hará, aunque sí arderá) no paremos.

 

3. Concentración y motivación

Prueba a hacer una serie de sentadillas pesadas después de haber estado riéndote con tu compañero del gym y verás que completar las dos últimas repes cuesta bastante. Prueba a hacer lo mismo después de haber mantenido la concentración con música fuerte, centrándote únicamente en la barra, y con un nivel elevado de motivación. Probablemente te comas la barra. ¿A qué se debe esto? ¿A qué se debe que solo motivados seamos capaces de levantar al máximo? La respuesta es sencilla. Tu motivación intrínseca hace que puedas esforzarte, sin motivación no hay esfuerzo posible. Por eso las personas lo dan todo en las competiciones y en los retos. No puedo ayudarte a encontrar tu motivación, eso es un trabajo personal y propio. Desde luego, no hay color entre levantar sin ganas que queriendo comerte el mundo. La motivación merecería un artículo aparte, sinceramente.

 

4. Impaciencia

Tu cerebro también es enormemente impaciente. Si no ve resultados en días, empieza a plantearse qué está haciendo mal. Si no dejas de cambiar tus rutinas, si de repente pasas de un 5x5 a un 2x15, o pasas en dos días de 80 a 150 kg para luego volver a 90 no vas a crecer, ya que estás yendo demasiado deprisa. La verdad es que muchos de los levantadores de pesas parecemos niños hiperactivos, todo el día pajareando entre rutinas sin realmente hacer nada en particular. Ciñámonos a una planificación conocida, trabajemos tal y como nos indica la rutina, y no tratemos de reinventar la rueda.

 

5. Miedo

Seamos sinceros. Todos nos hemos acojonado vivos cuando hemos visto que había más de dos discos de 20 kg en nuestra barra de sentadillas. Asusta mucho, sobre todo cuando empiezas, que puedas llegar a levantar bastante más allá de tu peso corporal. Y entonces llega el punto de estancamiento. No es un estancamiento real sino mental, nos da miedo ponernos debajo de una barra que empieza a tener un peso respetable. Muchos gimnasios comerciales, además, son bastante precarios y las barras empiezan a doblarse cuando metes más de 120 kg, lo que no ayuda.

 

Unido a eso, las jaulas de sentadilla también suelen ser precarias, y regularmente no están pensadas para que un tipo venga y falle con 160 kg. Sinceramente, yo en mi gimnasio no me atrevo a fallar con ese peso, y os lo digo con toda sinceridad. Muchas veces tenemos miedo a ser excelentes, y es normal. Contra el miedo no sé qué se puede hacer. Hay quien dice que muchas veces es recomendable, por ejemplo, cargar más peso del que normalmente levantaríamos y probar si podríamos aguantarlo en los trapecios. Ir acomodándonos al peso. Y sobre todo, aprender a fallar ciertos levantamientos sin miedo, como la sentadilla.

 

Tu mente, por mucho que pienses que te está ayudando, no lo está haciendo. Tu mente es un enemigo, diría que el peor. Siempre va a buscar el entrenamiento más fácil, te va a decir que estás cansado cuando realmente no lo estás, te va a buscar algo más fácil siempre, una excusa, una razón para no hacer algo, y lo peor de todo es que te hará sentir bien y mal al mismo tiempo. La única forma que tenemos de evitar esto es ceñirnos a la planificación, tratar de entrenar con un compañero serio y quedarnos un poco por debajo de nuestras posibilidades en cuanto a carga.

 

La fortaleza mental es lo que hace grande a un powerlifter, culturista, crossfitter o halterófilo. Su capacidad de responder físicamente cuando la mente no quiere responder es lo que le hace grande. De ahí que la mayor parte del entrenamiento de musculación tenga tanto que ver con el movimiento de pesas como el ciclismo con las bicicletas. No importa que tu potencial de crecimiento sea enorme si piensas que no vas a poder levantar esa barra. Por tanto, preocúpate más de mantener a la voz interior de tu cerebro en silencio que del entrenamiento en sí, y observarás cómo irás obteniendo los resultados que deseas.

 

Escrito por Guillermo Gómez de Salazar