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Estudios muestran que contar a otros tus planes hace menos probable que los alcances. He aquí el porqué, junto con un método mejor.

El consejo típico acerca del establecimiento de metas dice lo siguiente: fíjate una meta y luego cuéntasela a un montón de gente. Esto te mantendrá responsable. ¿El problema? Que raramente funciona. De hecho, puede tener el efecto opuesto.

 

¿Por qué no ayuda hablar de tus objetivos?

Múltiples estudios psicológicos, algunos que se remontan hasta 1927, lo respaldan. Pero he aquí lo fundamental: cuando cuentas tu objetivo a alguien, sientes un grado de satisfacción e incluso un pequeño hormigueante sentimiento de logro. Tu mente se pone un tanto contenta, como si hubieses logrado ya esa meta. Anunciar el objetivo hace que te sientas más cerca de lograrlo, aunque todavía no hayas trabajado nada por alcanzarlo.

Los psicólogos llaman a este problema “realidad social” o “reconocimiento social”. Te has identificado con una meta y te vuelves un poco petulante acerca de esa cosa que no has hecho todavía. Ahora tienes menos probabilidades de hacer el trabajo. Esto también es conocido como un sentimiento prematuro de plenitud.

Imagínate al tipo con la camiseta de Tapout diciendo a todo el mundo que va a ser un campeón de MMA. Esto le hace sentir de puta madre. Ya ha adoptado esa identidad en su mente, y bueno, ¡tiene la camiseta! El problema es que nunca ha entrenado para ello, incluso no conoce un arte marcial, mucho menos una variedad mixta, y está terriblemente fuera de forma. Socialmente y mentalmente es un luchador de artes marciales mixtas. En realidad, es solo un fan con delirios de grandeza y mal gusto para las camisetas.

 

Un método mejor

Primero, puedes mantener tu boca cerrada. Resiste el deseo de hablar sobre tu objetivo. Retrasa el sentimiento de recompensa. Sé la persona que consigue cosas guays, no seas la que habla de conseguir cosas geniales y nunca lo hace.  O haz lo que Derek Sivers dice: ve y habla sobre tu meta, pero de un modo en el que no te dé mucha satisfacción. Dos ejemplos:

Mi objetivo es dejar de beber refrescos. Va a ser una mierda (en el sentido de dureza).

Mi objetivo es tener 180kg de press de banca. Llevará un año o más de intenso esfuerzo y programación inteligente.

O quizá el resto de la gente no mola

Otro problema: la gente es estúpida. O por lo menos muchos lo son. Están tratando con su propio torbellino interno de dudas e inseguridades, cuando alguien decide hacer algo grande, bueno, eso daña sus pequeños sentimientos.

Habitualmente no desalentarán tus aspiraciones abiertamente, pero lo harán de maneras más sutiles: pequeños comentarios o acciones que te harán titubear. Dile a tu compañera de trabajo que tu objetivo es perder 5 kilos de peso y, seguramente, te pondrá una galleta en la cara a la semana siguiente porque “te mereces una recompensa”. La muy asquerosa.

Mejor mantener tu boca cerrada, hacer lo que tienes que hacer y celebrar tus logros reales, no tus ficticias buenas intenciones que te hiciste creer.

 

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Traducido y aportado por Shtangist