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Como alguien que ha pasado años entrenando a entrenadores de todos los rincones del mundo, la queja más común que suelo escuchar de profesionales del fitness, entrenadores de fuerza, y entusiastas del ejercicio en general, no es que tengan problemas a la hora de encontrar información sobre un tema en concreto. Su queja es que “hay mucha información contradictoria ahí afuera y no saben qué creer”.

 Las dos áreas de información contradictoria más comunes son:

 

  1. Lo que dice la evidencia científica vs. lo que dicen entrenadores experimentados.
  1. Lo que recomiendan los atletas en cuanto a entrenamiento y nutrición vs. lo que recomiendan los expertos científicos en cuanto a entrenamiento y nutrición.

En este artículo voy a abordar estos dos candentes temas de debate e intentar encauzar la discusión sobre ellos, resaltando cómo cada uno puede y debería ser utilizado, pero para diferentes (aunque mutuamente complementarios) aspectos del rompecabezas del entrenamiento y la nutrición. Y, sobre la marcha, también aclararé mitos comunes e ideas equivocadas asociados al enfoque del entrenamiento y la nutrición basado en la evidencia científica.

 

¿”Los entrenadores están de acuerdo en un 95% y discuten sobre el 5% restante”?

Antes de meternos de lleno en las dos áreas de discusión mencionadas anteriormente, quiero abordar dos frases comunes (y falsas) que surgen del corazón de los debates en los que se centra este artículo. La primera es que “los líderes en entrenamiento y nutrición están de acuerdo en el 95% de las cosas, y gastan su tiempo y energía en discutir sobre el 5% restante”. Tras esta afirmación suele ir una acusación del tipo, “esa gente discute sobre el 5% porque están peleando por su territorio y su ego”.

Aunque dicha frase puede sonar bien, y seguramente por eso se repite tanto, esa visión de las discusiones es demostrablemente falsa. Un solo vistazo a los debates entre líderes en fitness y nutrición, o entre un entrenador y otro, nos muestra que la única cosa en la que parecen estar de acuerdo es en que la gente debería 1) comer mejor habitualmente y 2) realizar ejercicio de manera regular. Más allá de eso, no parece que nadie se ponga de acuerdo en cómo conseguir esas dos cosas, dados los incontables debates que vemos sobre qué tipo de enfoque de entrenamiento debería o no debería utilizar la gente, o qué tipos de alimentos deberían introducir o evitar en su dieta.

Así que, rara vez es sobre ego y territorio (si es que alguna vez lo es). Normalmente es un desacuerdo sincero y legítimo.

Con esta realidad en mente, la frase debería ser más bien: Los líderes en fitness y nutrición están de acuerdo solo en un 5%, y pasan un montón de tiempo discutiendo sobre el 95% restante. Esto queda evidenciado por el hecho de que tantos y tantos entrenadores inteligentes sigan frustados y confundidos por la cantidad de información contradictoria que existe en el campo del entrenamiento y la nutrición.

 

La frase “Los entrenadores van por delante de la investigación” es una gilipollez.

Como educador fitness que defiende el escepticismo y la ciencia, y que desafía las prácticas pseudocientíficas y las que no están basadas en la evidencia científica del campo del entrenamiento, la nutrición y la salud; la afirmación de que “los entrenadores van por delante de la investigación” hace que me piten los oídos. Esta es la segunda idea problemática con la que cantidad de entrenadores siguen tropezándose durante sus discusiones, y es por lo que prefiero tratarla ahora, antes de meterme de lleno con el artículo.

Desde luego, hubo un tiempo en la historia del entrenamiento y la nutrición en el que se podía afirmar justificadamente que tomar una estrategia basada en la ciencia podía ponerte en desventaja respecto a utilizar otras prácticas más válidas. Pero dada toda la evidencia científica de la que disponemos actualmente, esa época se ha acabado. Por lo tanto, ese argumento solo es aplicable si alguien quiere tener una conversación sobre entrenamiento de los años 50, 70 o 90. Dicho esto, podemos evitar tener conversaciones sobre técnicas de entrenamiento y conceptos de nutrición que ignoren toda la evidencia de calidad que tenemos actualmente; porque en su lugar, podemos tener conversaciones actuales sobre entrenamiento y nutrición en las que se apliquen todo lo que hemos descubierto hasta ahora.

A día de hoy, afirmar que “tomar un enfoque de entrenamiento más basado en la ciencia te pone (inserta un número arbitrario de años) atrás” es simplemente una excusa que los profesionales actuales ponen cuando no disponen de la suficiente evidencia para soportar su obligatoria carga de la prueba. Es una táctica barata para hacerte pensar que necesitas creer en lo que ellos afirman para poder dar un servicio de calidad. Seamos sinceros, si uno en realidad tiene una buena evidencia que respalde sus afirmaciones, estará ansioso por aportarla y no tendrá la necesidad de poner excusa alguna.

La realidad es que, con todo el conocimiento científico sobre entrenamiento y nutrición que hemos acumulado hasta la fecha, no hay absolutamente nada en lo que un profesional del fitness tenga que creer a ciegas y que no disponga de evidencia suficiente, para ser capaz de dar un servicio de alto nivel. Y tampoco se necesita creer en algo que no tenga evidencia suficiente para ser un innovador, ya que las mejores ideas surgen de nuestro actual conocimiento (esto es, la evidencia acumulada existente, los principios universales del entrenamiento); no del rechazo del mismo, ni de la ignorancia obstinada.

       

 

                

Evidencia científica vs. Entrenadores.

Con lo establecido arriba, aunque la experiencia anecdótica de entrenadores experimentados suela enfrentarse a lo que dice la evidencia científica (como si fueran mutuamente exclusivas), ambas, experiencia práctica e investigación, son excelentes, solo que para contarnos cosas diferentes. De hecho, entrenar clientes y atletas nos ayuda a saber lo que es práctico, pero no necesariamente nos dice qué prácticas son válidas y fiables. Por otra parte, la evidencia científica nos ayuda a saber qué es válido y fiable, pero no necesariamente nos dice qué es lo práctico.

Ahora, el problema radica en el hecho de que muchos entrenadores (erróneamente) piensan que su experiencia anecdótica les da una visión precisa de qué prácticas son válidas y fiables, que es por lo que solemos escuchar a entrenadores decir cosas como, “Yo investigo al entrenar a mis clientes y atletas - eso es investigación en el mundo real” o “Estoy ansioso porque la ciencia valide lo que he visto funcionar en la práctica”. Por esto también, cada vez que estos entrenadores se ven enfrentados a buena evidencia científica que choca con sus creencias en las prácticas que utilizan, enseguida citan su experiencia “en la práctica” en un intento de 1) desacreditar la evidencia científica y 2) convencer a otros de que sus afirmaciones acerca de sus prácticas son válidas y justificadas.

Pero aquí está el problema: Usar anécdotas para justificar la validez de una práctica de entrenamiento determinada no tiene nada que ver con la evidencia objetiva o la razón, por lo tanto, puede ser dirigida con la misma fuerza hacia cualquier creencia en cualquier práctica. Aún así, por alguna razón, estos profesionales dan poco o ningún valor a este tipo de opiniones cuando vienen de entrenadores que tienen escuelas de pensamiento opuestas a las suyas. Por ello, muchos profesionales reconocen inconscientemente la debilidad de sus propios argumentos anecdóticos al rechazarlos cuando proceden de otros que piensan diferente a ellos. Y todo esto, a pesar del hecho de que aquellos que tienen dichas escuelas de pensamiento opuestas, no tienen ni más ni menos evidencia que la que tienen ellos mismos. Por no hablar de que, por cada entrenador que dice, “si hubiera esperado a la investigación, no habría sido capaz de ayudar a mis clientes y atletas a (inserta algún tipo de logro físico o de rendimiento)”, hay una larga lista de otros entrenadores que realizan afirmaciones mutuamente contradictorias, pero que dicen exactamente la misma cosa.

Estas realidades innegables demuestran el hecho de que simplemente habiendo entrenado a atletas de alto nivel, o habiendo alcanzado cierto nivel de éxito en el entrenamiento, no significa para nada que todo lo que digas es válido (simplemente porque tú lo afirmes).

Otro hecho es que, los profesionales que gustan de utilizar este tipo de argumentos anecdóticos en un intento de justificar sus afirmaciones, no pueden descartar otras explicaciones alternativas (aunque fueran más probables) como causas de los resultados que han experimentado. Esto recalca el hecho de que las anécdotas sólo nos dicen que alguien ha presenciado un resultado, y que esas afirmaciones son absolutamente incapaces de demostrar la validez de las técnicas o métodos especiales que un profesional ha utilizado, y a los que atribuye las causas del resultado.

 

En otras palabras, muchos entrenadores sostienen la falsa idea de “lo he visto funcionar”, por lo que mis conclusiones sobre lo que ví deben ser válidas. Sin embargo, el hecho de que profesionales de distintas escuelas de pensamiento afirmen conseguir los mismos tipos de resultados “espectaculares” (desde alivio del dolor hasta mejora del rendimiento), pero después realicen afirmaciones mutuamente contradictorias sobre cómo deberíamos enfocar nuestro entrenamiento y nutrición, revela una profunda realidad psicológica que se burla de todas esas declaraciones basadas en el “funciona en la práctica”. Y esa realidad se llama sesgo de confirmación, que es un filtro a través del cual ves una realidad que encaja con tus expectativas.

El campo de la psicología social nos ha mostrado claramente que nuestras observaciones y creencias no son el resultado de años de análisis objetivo y racional, si no el resultado de años prestando atención a la información que confirmaba dichas creencias, mientras ignorábamos otra información, la que desafiaba nuestras ideas preconcebidas. Existen muchas formas de sesgos de confirmación, como el sesgo hacia la evidencia positiva, que describe nuestra tendencia innata a detectar relaciones (entre dos variables) que realmente no existen, debido a sobrevalorar la evidencia que confirma una hipótesis dada.

Es probablemente la única razón por la que muchos entrenadores, que aún siendo inteligentes y bienintencionados, presentan sus anécdotas como “pruebas”, incluso a pesar de la existencia de evidencia científica contradictoria. Y esto es porque no son conscientes de la innata falibilidad de la razón y el juicio humanos en la vida cotidiana.

Sencillamente, cuando alguien no es consciente de esta realidad o es incapaz de aceptarla, le es muy fácil sobrevalorar las conclusiones que ha extraído de sus experiencias “en la práctica”. Sin embargo, cuando alguien es conocedor de esa realidad, si valora la verdad objetiva, acaba aceptando el hecho de que no es seguro dejarse llevar por intuiciones y observaciones que no han sido ni comprobadas ni examinadas. Lo mejor para nosotros es poner a prueba nuestras experiencias frente a la evidencia científica. Y cuando esas experiencias se ponen a prueba y fallan, hace incluso más probable que la ciencia esté en lo cierto, y que nuestros procesos cognitivos nos hayan llevado a juzgar erróneamente y malinterpretar la evidencia de nuestra propia experiencia. Esos son los procesos cognitivos (innatos a todos los seres humanos) a los que el escepticismo, y los métodos de la ciencia y la estadística, se han estado oponiendo desde sus inicios.

Dicho esto, las ideas (es decir, las hipótesis) preceden a la investigación, obviamente. Nadie lo discute, porque es cómo funciona el proceso científico: La investigación comienza partiendo de una hipótesis previa. La pregunta es: ¿Cómo de válidas son las ideas (las hipótesis) que uno está formulando? Por esto es por lo que la validación objetiva de las ideas (es decir, la verificación o refutación de las hipótesis) va detrás de la investigación… Porque, como se ha demostrado, la evidencia anecdótica es muy poco fiable.

En otras palabras, la investigación sigue a la práctica, pero las prácticas validadas nacen de la investigación. Así que, los entrenadores solo van por delante en el departamento de creación de ideas, pero no en el departamento de validación de las mismas. Es por esto que, hoy en día, algunos entrenadores están a menudo rezagados respecto a la investigación. Porque no son conscientes de la innata falibilidad de la razón y el juicio humanos. Por esto solemos ver a profesionales del fitness y el acondicionamiento -al menos los que son intelectualmente honestos- reciclándose constantemente para adaptar sus creencias y prácticas a la mejor evidencia científica actual; y también por esto, solemos ver a los que rechazan actualizarse, perder sus discusiones y debates una y otra vez.

 

Atletas de alto nivel vs. Expertos científicos.

 Otra área de conflicto son los casos en los que un “experto” científico califica como “broscience” el consejo que ha dado cierto atleta de alto nivel, mientras que la gente que sigue al atleta responde con afirmaciones como “ese investigador o científico no está tan grande ni tan fuerte como el atleta”.

En primer lugar, se supone que deberías mirar los resultados obtenidos por los participantes en los estudios, no la apariencia de los investigadores que recopilaron los datos, ni el aspecto de los que simplemente te cuentan lo que muestran dichos datos. Esto es caer en la falacia ad hominem, que prácticamente significa que tu argumento es una basura.

Dicho esto, tal y como pasa con la evidencia anecdótica y la evidencia científica, la información proveniente de atletas de alto nivel y la información proveniente de expertos científicos no son mutuamente exclusivas. Ambas son útiles, pero para diferentes aspectos del rompecabezas del entrenamiento.

Básicamente, los atletas que han alcanzado un alto nivel de éxito en sus respectivos deportes son una gran fuente de información acerca de los aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento, y para compartir las experiencias que han tenido compitiendo, pero ya no son tan fiables en lo que a aspectos intelectuales del entrenamiento se refiere. Por el contrario, los expertos científicos sí son una gran fuente de información intelectual sobre entrenamiento (es decir, los aspectos técnicos y tácticos de la programación del ejercicio), pero no son tan buenos en relación a los aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento.

Cuando hablo de aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento, me refiero a cosas como la mentalidad necesaria para sacrificar día tras día la mayor parte de tu vida social en pos de tus objetivos deportivos, y para organizar toda tu vida alrededor de cocinas, gimnasios y vestuarios. Cosas como superar los desafíos mentales involucrados en la preparación para competir, la experiencia de competir y demás.

Ahora bien, es importante entender que la idea de que alguien debe haber alcanzado personalmente cierto nivel de éxito en un determinado deporte para ser considerado una fuente fiable de información técnica (es decir, aspectos intelectuales del entrenamiento) es demostrablemente falsa -no hace falta irse muy lejos para comprobarlo, podemos tomar la NFL como ejemplo. Muchos de los mejores jugadores de la NFL terminan siendo unos terribles entrenadores tras retirarse, mientras que otros, que nunca han jugado profesionalmente al fútbol, han resultado ser unos entrenadores de primera que han ayudado a muchos jugadores a alcanzar su potencial. Esto es porque, donde realmente sobresalen estos entrenadores es en poseer, no solo un profundo conocimiento de los aspectos técnicos y tácticos del juego (es decir, las X’s y las O’s en el fútbol), si no la capacidad de simplificar y comunicar dicho conocimiento a sus jugadores de forma que puedan utilizarlo en su beneficio. Y lo mismo se podría decir de cualquier entrenador de cualquier deporte.

Joder, de todos los entrenadores que tuvo Michael Jordan a lo largo de su carrera, ninguno fué ni la mitad de bueno que él jugando al baloncesto, pero entre todos fueron capaces de ayudarle a alcanzar todo su potencial. Por no hablar de la absurda afirmación de que “uno no está cualificado para entrenar a menos que haya tenido experiencia propia en ese área”. Eso es como decir que los hombres no pueden entrenar eficientemente a las mujeres porque no tienen experiencia en el ciclo menstrual, en ejercitarse estando embarazada, en ser observadas constantemente por los babosos en el gimnasio, etc.

Por supuesto que los hombres pueden entrenar a las mujeres en los aspectos técnicos y tácticos de la programación del ejercicio (los aspectos intelectuales del entrenamiento), pero en cuanto a los aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento y la competición, sí que sería mejor idea que la información proviniera de otra mujer con experiencia propia en ese campo.

 

 

 

Palabras finales sobre el Arte y la Ciencia del Entrenamiento.

Antes de dar por concluido este artículo, quiero dejar claras algunas cosas que creo que guardan relevancia con el tema tratado. Primero, quiero aclarar que el entrenamiento no es “un arte y una ciencia” como es comúnmente definido, porque el arte y la ciencia no son dos conceptos distintos que avanzan en paralelo y jamás se cruzan. El entrenamiento es el arte de aplicar la ciencia.

Si las aplicaciones prácticas que estás utilizando no están científicamente fundadas, entonces lo que estás haciendo no está basado en evidencia suficiente para justificar su uso. Y, para un entrenador personal o un entrenador de fuerza, el dinero y tiempo invertidos por clientes y atletas merece algo más que prácticas injustificadas o injustificables.

Segundo, también quiero aclarar que adquirir un enfoque de entrenamiento más basado en la ciencia no significa que tus clientes o atletas no hagan nada a menos que haya una referencia en PubMed que lo respalde - eso es la ridícula falacia del espantapájaros. Como dije en mi libro: Strength Training for Fat Loss: “Por supuesto, es genial usar protocolos de entrenamiento específicos que han sido evaluados en un estudio, pero no es realista pedirle eso a cada sesión de entrenamiento, especialmente cuando estamos cambiando las sesiones cada varias semanas para mantener la frescura y la motivación. Las estrategias de entrenamiento específicas no tienen que estar científicamente probadas siempre que estén científicamente fundadas y sean altamente plausibles, es decir, que estén basadas en los principios generales del entrenamiento. Esos principios que nos han demostrado repetidamente que partiendo de ellos se pueden obtener los resultados que estás buscando.

Por ejemplo, si quieres ser más explosivo, utiliza ejercicios explosivos. Si quieres mejorar tu fuerza, incorpora entrenamiento con cargas altas. Si quieres mejorar tu habilidad rotacional para un deporte con un gran componente rotacional, utiliza una variedad de ejercicios rotacionales a diferentes velocidades y cargas. Ninguna de estas estrategias de programación del ejercicio que acabo de enumerar necesita ser validada específicamente en un estudio, porque todas están basadas en el principio de la especificidad, que dicta que las adaptaciones al entrenamiento son específicas a las demandas que dicho entrenamiento impone sobre el cuerpo.

Por último, quiero decir que no estoy por encima del uso de anécdotas en el entrenamiento. Las uso. Sin embargo, lo que no suelo hacer (ya no) es realizar afirmaciones injustificadas e injustificables sobre esas experiencias. Estuve varios años haciéndolo al comienzo de mi carrera, y me equivoqué en cada una de las veces que lo hice. Y estaré equivocado en cualquier ocasión que se presente en el futuro donde meta la pata y lo vuelva a hacer.

 

Traducido por José María CF "Hopper"

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